LOS PAPELES DE JULIO MARTEL: LA PROVOCACIÓN DE LAS ESTATUAS

Por: Adalberto Agudelo Duque

El día que derribaron la estatua de Nariño en la plaza que en Pasto lleva su nombre, en alguna cadena radial se manifestaron sorprendidos. Se preguntaron por qué “ese prócer” si al fin de cuentas era una figura destacada en el período de la “independencia” de Nueva Granada. La verdad, si es que se puede hablar de verdad en historia, es que don Antonio fue un personaje siniestro a quien le atribuyen acciones “memorables” mentirosas. Por ejemplo: no tradujo el libro “Los derechos del hombre y del ciudadano” de Thomas Payne, inglés, y no difundido en Inglaterra sino en Francia en el marco de la Asamblea Nacional Constituyente de la revolución. Ese libro, ya traducido, llegó a sus manos DE CONTRABANDO como quiera que se había convertido don Antonio en el más célebre y próspero contrabandista de la época en Santafé de Bogotá. El ensayo de Payne fue regado por los masones –Thomas Picton, William Pitt– a lo largo y ancho del caribe promoviendo la insurrección de las provincias españolas desde 1897 o antes. Todo lo que hizo don Nariño fue imprimirlas en “La Bagatela” y ponerlas a circular en el pueblito de entonces que fungía como capital del virreinato. Arrepentido de una acción tan descabellada intentó reunir los volantes, cosa que no logró.

Aparentemente, su único mérito es que fue el primero en declarar la independencia total de España en 1813 pero esa acción se “embetunó”, como diría Joaquín Posada Gutiérrez, invadiendo a Tunja solo porque Camilo Torres propuso un estado federativo no centralista. Es decir, ideas a la fuerza, no por convicción o diálogo sino por el poder de las armas.

Pero ahí no quedan sus sombras. Enviado por Bolívar a invadir las provincias de Patía y de Pasto declara: “… esta ciudad queda condenada a ser reducida y destruida de un modo que jamás pueda volver a ser habitada…”. Vencido en la “Batalla de los ejidos” por un escuadrón de mujeres, puesto preso y llevado a Pasto, le perdonan la vida y lo envían a España. Tampoco el incidente Devereux habla muy bien de su talante como hombre y de su posición como humanista. De tal modo que, para los “nariñenses” de hoy, es una afrenta, una provocación, que su departamento lleve este nombre. Tampoco su plaza debería llamarse así.

Menos aún los departamentos de Sucre y de Bolívar hacen honor a sus habitantes pues don Simón de San Mateo es simplemente UN INVASOR EXTRANJERO que impone en Colombia la más tenebrosa de las dictaduras. Y ordena a Sucre la carnicería de Pasto que se ejecuta el 24 de diciembre de 1822. La orden fue: “… los pastusos deben ser aniquilados y sus mujeres e hijos trasportados a otra parte dando aquel país a una colonia militar…” Y el resultado: centenares de hombres, mujeres y niños asesinados, las haciendas incendiadas y expropiadas, decenas de jóvenes lanzados a los precipicios del Guáitara, atados de dos en dos, por la espalda, en lo que José María Borrero llamó “matrimonios”.

Como se ve, los nombres de los conquistadores Jiménez de Quesada, Bastidas, Heredia, Belalcázar… los topónimos Plaza España, Madrid y de los próceres de la “independencia” etc. son una provocación para las gentes que se manifiestan ahora.

COLOFÓN. En Popayán tumbaron la estatua de Santander. Vamos bien.

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