Por: Yesid López López

Montaba en bicicleta e hice estas reflexiones acerca de la juventud de hoy que no se diferencia mucho de la de otros tiempos. Veamos: ¿Qué les hace pensar que tienen la autoridad suficiente para regañar, corregir sin piedad, gritarles, atropellarlos verbal y físicamente?.

Consideran los  muchachos, que sus viejos es más lo que estorban que lo que aportan. Que todo les duele y se vuelven insoportables, que son inaguantables y da hasta pena llevarlos a dar un paseo, porque se vuelven lentos, hablan demasiado y preguntan puras bobadas.

Creen también estos jóvenes, que todo lo saben y que sus progenitores son unos  brutos y entonces  no entienden nada y que jartera tener que explicárselo todo. Olvidan  también que el trabajo de muchos permitió educarlos y hacerlos profesionales para que disfruten la vida, olvidan que sus padres todo lo hicieron por ellos.

Esta juventud, cree que es eterna y que la vejez es solo de sus progenitores. No los entienden. No son tolerantes. No son pacientes. No son cariñosos, menos comprensivos. No son gentiles, son atarvanes. Son groseros y despreciativos. Malas pagas y desagradecidos.

Son amables estos muchachos con los cuchos, cuando tienen necesidades  o no hay  quien cuide los niños o los lleve a la escuela, al médico o al parque. Para eso si sirven los progenitores . Claro, para que se queden con los niños porque se van a divertir.

En fin, esta diatriba esta aburrida y cruel. Y la complemento. Cuando están delicados de salud, la pregunta gira alrededor de sí la enfermedad es muy larga  o la parca llega pronto, porque no hay mucho tiempo para cuidarlos y una enfermera cuesta mucho.

Listo, murieron. Lloran desconsoladamente, fingen sufrir y a su vez planean la reunión familiar para ver  que dejaron para  repartir y dependiendo de la herencia, hasta ahí llegó la unión familiar. Bueno, sigamos. Sepultan a los viejos, de vez en cuando una que otra visita al cementerio. Pero al final, si quiera se murieron, como también los abuelos. Estaban sufriendo mucho.

Entonces, jóvenes. Si en este cuadro ustedes están  ahí dibujados, reflexionen si saben hacerlo, que en la vida todo lo cobran.

Finalmente, debo disculparme con quienes hoy son reconocidos como buenos hijos, en  todo el sentido de la palabra. Entonces, nada que ver. Juventud divino tesoro, te vas para no volver y nunca olvides lo  que eres porque alguien te dio la vida.

De hecho, hay hijos comprensivos, cariñosos, bondadosos, tolerantes, juiciosos, solidarios con sus viejos, respetuosos y sobre todo saben amarlos, corregirlos y acompañarlos  en sus momentos más difíciles, lo que incluye su muerte.

Aquí no hay excusas porque son centenials o milennials, o como se denominen, porque el amor es amor, en los tiempos del cólera o la pandemia. Hasta aquí, lo veo desde el otoño que me acompaña. Y no desde el otoño del patriarca.

Injusto sería dejar de anotar que en todo esto, también cabe la respobilidad de aquellos padres que nunca  han sabido ejercer con sabiduría su autoridad. Pero mi  rollo es con los hijos de hoy o de siempre.

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