Agencia EFE – La mayor parte de los restos del cohete chino Larga Marcha 5B se desintegraron hoy al colisionar con la atmósfera y cayeron en el océano Índico, poniendo fin a las especulaciones sobre si su regreso a la Tierra podía causar daños.

La Oficina de Ingeniería Espacial Tripulada de China informó en un comunicado de que los restos o “escombros” reentraron en la atmósfera terrestre a las 10.24 (2.24 GMT) de esta mañana y cayeron a 72.47 grados de longitud este y 2.65 grados de latitud norte.

Los restos del cohete chino Long March 5B han caído sin causar daños en el Océano Índico, al oeste del archipiélago de Maldivas, tras entrar en la atmósfera terrestre. Las partes del cohete, que se han desintegrado, podían caer en una amplia zona de la Tierra, incluida Madrid; sin embargo, los expertos consideraban que altamente probable que cayeran al agua sin causar heridos.

No obstante, había cierta preocupación previa ya que los restos sin control tenían grandes dimensiones: 31 metros de longitud, cinco metros de diámetro y un peso de alrededor de 20 toneladas.

A través de este stream se puede hacer el seguimiento a los restos desintegrados de este cohete chino, que cayeron a 72.47 grados de longitud este y 2.65 grados de latitud norte.

La NASA reprende a China por no ser “responsable” respecto a sus derechos espaciales

También científicos estadounidenses criticaron que el programa especial chino permitiera el reingreso incontrolado de un cohete tan grande, y hoy el administrador de la NASA Bill Nelson reprendió al país asiático por “no estar cumpliendo con los estándares de responsabilidad respecto a sus desechos espaciales”.

Las críticas vienen dado que esta familia de cohetes carece de un sistema de propulsión adicional que les permita regresar a una zona concreta de la Tierra, lo que ya provocó en el año 2000 que uno de ellos cayera en el océano Atlántico y sobre Costa de Marfil.

Tampoco es la primera vez que una nave china queda en el punto de mira de servicios de vigilancia de todo el mundo: en abril de 2018 el laboratorio orbital Tiangong 1, que estaba en desuso desde 2016 y que vagaba sin control, reentró en la atmósfera terrestre sobre el océano Pacífico sur.

“Los países con capacidades espaciales deben minimizar los riesgos para las personas y las propiedades de la reentrada de objetos espaciales, así como maximizar la transparencia sobre esas operaciones”, señaló hoy Nelson en un comunicado.

Agregó que “es fundamental que China actúe de manera responsable y transparente para garantizar la seguridad, la estabilidad y la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio exterior”.

Y es que el ambicioso programa chino tiene previstos hasta once lanzamientos de este tipo entre 2021 y 2022, a fin de completar la construcción de su estación espacial antes del comienzo de 2023.

De esas 11 misiones previstas entre este año y el que viene, cuatro serán tripuladas y otras cuatro serán de carga.

Según la agencia Xinhua, la estación espacial orbitará la Tierra a una altitud de entre 340 y 450 kilómetros, y está diseñada para durar unos 10 años, aunque los expertos confían en que pueda aguantar más de 15.

La estación espacial es solo una de las patas del programa espacial chino, que, por ejemplo, prevé llegar a Marte en las próximas semanas mediante la sonda Tianwen-1.

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