LOS PAPELES DE JULIO MARTEL: NINGUNISMO, NADIEÍSMO

Por: Adalberto Agudelo Duque

Zlovoi Zizec, filósofo urbano de moda en el norte, apunta que hay una forma de violencia que es aprendida, no innata, practicada por quienes deben dar ejemplo: los estados, los políticos, los maestros, los pastores de todas las iglesias… Toda violencia parte del desconocimiento del otro, dice. A una violencia atávica cuyo propósito es el territorio, la hembra mejor dotada, la supremacía del líder, opone la peor de las violencias: el desconocimiento del otro. Entre nosotros se llama el ninguneo. El nadieísmo. El otro es ninguno. Nadie. No quiero creer que es maldad sino incultura, incivilidad. Pero en una sociedad como la nuestra en la cual todo se convierte en un instrumento de poder es posible aceptar que se trata de maldad pura: contratar un grupo de mariachis, una papayera, una chirimía para una serenata, a las diez o doce de la noche, en una calle, en un apartamento o una casa dice mucho de malo de quien contrata y de quien acepta el contrato: no saben, ignoran, que alrededor hay personas que descansan, enfermos que necesitan paz, niños, empleados y obreros que deben madrugar a sus oficios. El solo sonido de la corneta es suficiente para despertar a todo un vecindario. Toca, obligatoriamente, asistir al cumpleaños, la boda, el bautismo sin ninguna invitación. Eso es ninguneo. Nadieísmo. Y si sumamos el uso innecesario en mariachis y chirimías de poderosos amplificadores de sonido y bafles gigantescos más voladores con tacos de pólvora que explotan en las ventanas, Feliz cumpleaños doña Aracelly, ya tenemos una postal bien descriptiva de esa maldad. Una postal que se completa con un automotor circulando por la ciudad con equipos de sonido montados para molestar a los transeúntes, a los vecinos por donde pasan y a donde llegan. Y de seguro, los mismos conductores ni siquiera oyen el escándalo que generan. Desconocen al otro. Lo ignoran. Lo ningunean. Puro nadieísmo. Nadie va por ahí. Nadie habita por ahí.

Igual, quien compra un aparato de sonido con toda la potencia tecnológica actual, no piensa en que adquiere un bien material para el goce pleno de la familia sino en armar una fiesta para todo el barrio y más allá. Pretender que a todo el mundo le gusta la misma música que a usted, con el volumen que a usted le place, según su grado de sordera, y a las horas en las que usted está melancólico o alegre no es ignorancia sino inmoralidad. Un acto pleno de bellaquería. Una canallada. El otro no existe. Usted está solo en su casa. No hay vecinos. Puro ningunismo. Puro nadieísmo.

COLOFÓN. No se deje hacer ruido de su vecino. Proteste. Denuncie. Reclame. Todos nos educamos por interrelación con el otro.

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