Por: José Miguel Álzate

Escribir un libro tan maravilloso como Cien años de soledad solamente lo alcanza una mente privilegiada. Y la de Gabriel García Márquez, el colombiano universal, fue una de esas mentes que solo surgen cada doscientos años. Se necesita ser un genio de la literatura para producir una obra literaria que trascienda en el tiempo. Miguel de Cervantes Saavedra, que nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, publicó El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605, a la edad de cincuenta y ocho años. Cuatrocientos dieciséis años después, este libro magistral sigue siendo un referente literario. Fue la obra que lo incrustó en el pedestal de la gloria. Fallecido el 23 de abril de 1616, su nombre no ha sido cubierto por el óxido del olvido.

Con el nombre de Gabriel García Márquez sucederá lo mismo. Pasarán doscientos años, y en cualquier lugar del mundo se estará hablando de Cien años de soledad, como ocurre con el libro inmortal de Cervantes Saavedra. ¿La razón? Los grandes libros, esos que abren postigos a la imaginación, que nos enseñan a entender el mundo, que dejan en el alma un sedimento de belleza, resisten el paso inexorable del tiempo. Y se incrustan en las páginas de la historia como un legado a la humanidad. Las vivencias del coronel Aureliano Buendía, el personaje de García Márquez, sólo son comparables en la literatura universal con las aventuras del hombre de la triste figura desde que abandona el Campo de Montiel para dedicarse a “desfacer entuertos”.

Gabriel García Márquez, el hijo del telegrafista de Aracataca, alcanzó a vivir la gloria en vida. Como dijimos al principio, Cien años de soledad se publicó cuando apenas contaba con cuarenta años de edad. Desde ese 30 de mayo de 1967, cuando Editorial Sudamericana lanzó la primera edición de ocho mil ejemplares, los lectores descubrieron a un escritor magistral, dueño de una imaginación sorprendente, que manejaba una narrativa torrencial. Tomás Eloy Martínez, el gran autor argentino, describe en una crónica publicada en el diario Clarín, de Buenos Aires, cómo fueron esos momentos de antesala a la gloria, cuando García Márquez llegó a ese país siendo un completo desconocido. Desde ese día, la vida le cambiaría. Todo porque su nombre empezó a aparecer en todos los periódicos del mundo.

No recuerdo quien escribió esta frase: “Quiera Dios que nunca tenga riquezas, porque tal portento nos ha dado su pobreza”. La escribió alguien que cuestionó el hecho de que Cervantes Saavedra haya dedicado la segunda parte de su novela al Conde de Béjar. En esta frase se sintetiza las dificultades vividas por el autor español mientras escribía su obra monumental. Que fueron, guardadas las proporciones, las mismas que vivió García Márquez cuando se encerró en su casa de Las Lomas, en Ciudad de México, para darle forma a su deslumbramiento literario. En esos dieciocho meses de gestación de la novela, la familia García Barcha pasó todo tipo de necesidades. Tantas, que Mercedes, la esposa del escritor, tuvo que empeñar muchas cosas de la casa para poder sobrevivir.

¿Por qué razón Gabriel García Márquez alcanzó la inmortalidad? Porque, como Cervantes Saavedra, escribió una obra que lo catapultó como exquisito narrador. Cien años de soledad es una epopeya sobre América Latina. Con este libro portentoso, García Márquez rescató el pasado de una sociedad sumida en la desesperanza. Aureliano Buendía, como el personaje de Cervantes, fue un soñador que quiso cambiar el mundo. Úrsula Iguarán, por su parte, fue una mujer decidida que con su autoridad puso orden en una familia donde todos sus integrantes querían hacer lo que les venía en gana. Remedios, la bella, el personaje que asciende al cielo envuelta en una sábana, tiene un parecido con Aldonza Lorenzo, la Dulcinea del Toboso que enloquece de amor a don Quijote.

¿Fue García Márquez un genio literario? ¡Sí! Antes de Cien años de soledad a ningún escritor se le había ocurrido imaginarse un pueblo donde ocurren tantas cosas asombrosas. Por ejemplo, la peste del olvido. En Macondo todos los habitantes olvidan el nombre de las cosas, y para qué sirven. Tienen que marcar todo para que no se les olvide. También viven la peste del insomnio. Nadie duerme en las noches, y la rutina sigue siendo la misma del día. Además, sobre el pueblo cae un aguacero que duró cuatro años, once meses y dos días. ¿Puede calificarse todo esto como desmesura? ¡No! Es realismo mágico. García Márquez creó, con su portentosa imaginación, un mundo lleno de magia. Que fue lo mismo que hizo Cervantes Saavedra con El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.

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